Un viaje por el alma del olivo

 

El oleoturismo ha encontrado en España un terreno fértil donde la tradición, el paisaje y el desarrollo local se conjugan para dar forma a una propuesta turística basada en el aceite de oliva virgen extra.

En general La experiencia oleoturística permite conocer el proceso del AOVE  ( Aceite Oliva Virgen Extra) en origen, participar en catas-degustación, recorrer olivares, alojarse en entornos rurales, y disfrutar de actividades culturales y gastronómicas.

 

Badajoz. Paisaje de dehesas y olivares, destacan Mérida, ciudad Patrimonio de la Humanidad por su conjunto arqueológico romano, y Badajoz, con su Alcazaba y su casco histórico.

Cáceres. Olivares de las variedades Manzanilla Cacereña, Cordovil o Verdial conviven con un legado histórico que incluye su impresionante casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad. Podrán disfrutar de pequeñas almazaras familiares y conocer el proceso artesanal de la extracción del aceite de oliva virgen extra.

Ciudad Real. No solo destaca por su rico aceite de oliva, sino que toda la provincia está ligada a la figura de Don Quijote de La Mancha, pudiendo revivirse las aventuras del caballero andante entre olivares y humedales.

Córdoba.. El olivar se extiende desde las vegas del Guadalquivir hasta las Sierras Subbéticas, donde destacan las almazaras, los cortijos y los pueblos con fuerte tradición oleícola. La Mezquita-Catedral, Medina Azahara y los Patios de Córdoba aportan un valor patrimonial singular.

Jaén, la ciudad, es la mayor productora de aceite de oliva virgen extra del mundo. Visita almazaras, museos del aceite, experiencias de olivoterapia, rutas por sus parques naturales o cortijos tematizados. Las ciudades de Úbeda y Baeza, declaradas Patrimonio de la Humanidad, completan una propuesta vinculada a la cultura del olivo y a su paisaje emblemático.

Huelva. Gran oportunidad de combinar experiencias en almazaras con gastronomía de proximidad –como jamón DOP Jabugo, mojama o vinos del Condado de Huelva– y rutas en la naturaleza.

Sevilla. Las tradicionales haciendas sevillanas y las industrias del aliño de aceituna estructuran las rutas oleoturísticas, donde también se puede visitar el patrimonio histórico, o participar en catas y talleres vinculados al aceite de oliva virgen extra.

Tarragona. La provincia catalana vincula su propuesta a dos ejes: la Costa Dorada y Terres de l’Ebre. El Territorio de la Sénia, con más de 6.000 olivos milenarios, y las denominaciones de origen Siurana, Baix Ebre-Montsià y Terra Alta marcan la identidad de un destino que fusiona paisaje, historia y producción tradicional, en el entorno de la antigua Tarraco romana.